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Guía para el mastering de audio 2 * LUFS

Este artículo sobre LUFS trata sobre la guerra del volumen y el uso de nuevas unidades de  medida que nos ayudan a entender mejor la sonoridad.

The loudness war

En castellano podríamos traducir como «La guerra del volumen», fue un fenómeno que de alguna manera nos involucró a  todos los que  trabajamos en la producción de música. 

Era  el principio de la era digital. El techo de volumen subió y como consecuencia se podía imprimir un cd que sonara más fuerte que la competencia. También dejaron de haber limites tecnológicos para grabar y reproducir graves y agudos.

Así comenzó la guerra. Cada CD editado iba subiendo el volumen del master de fabricación, aprovechando una característica de la psicoacústica que es que si algo suena más fuerte, da la impresión que suena mejor. 

Esto fue así hasta que se llegó nuevamente a un límite físico en el volumen de los master de audio. Entonces recurrimos otra vez a la  psicoacústica. De esta forma se descubrió que se podía seguir subiendo el volumen de la música grabada, recortando los picos, que generalmente corresponden a golpes. Alguien debió pensar que el sonido era igualmente inteligible y que esa información dada por el ataque de un sonido era superflua. 

En la ultima época de esta absurda guerra y usando nuevamente la psicoacústica, se empezaron a inflar los máster en la franja  de los agudos.

Así terminamos con canciones planchadas, infladas de agudos, graves y sin ritmo. No baila, diría el gran Bob Katz al escuchar esa música sin dinámica.

La dinámica 

En música se entiende por dinámica, a la diferencia en volumen entre sonidos fuertes y débiles.

A mí me gusta creer que la dinámica es lo que hace divertida la música. Genera una sensación de ubicación en el tiempo y en el espacio. Seguramente esto ayuda a nuestra mente a imaginar las situaciones y circunstancias por las que se atraviesa, al mezclar sonidos, imágenes, olores y otros sentidos, con los pensamientos que se disparan. Con ayuda de la imaginación, al escuchar una canción, una poesía o en general al observar cualquier obra artística se pueden apreciar los matices de la misma. 

Si queréis leer mas sobre el tema os invito a visitar en este blog, el artículo «Dinámica * La dimensión desconocida«. 

La medida. RMS, LKFS, LUFS 

Estas siglas corresponden a distintas formas de medir el volumen del sonido. La ultima es la que mejor nos permite entender la realidad de como van a sonar nuestras producciones.  

RMS mide la intensidad sonora de las grabaciones. El inconveniente es que es una medida básicamente eléctrica y por lo tanto no es fiel con lo que percibimos a través del aire. 

LKFS  vino después y mide también la sonoridad, pero esta vez, aplicando curvas de respuesta que se asemejan a la media de sensibilidad del oído humano. 

LUFS finalmente, es similar a la anterior, pero con parámetros que acercan aun mas la medición a lo percibido acústicamente, siendo por lo tanto, una guía mas confiable para medir la sonoridad de nuestro trabajo.

LUFS y distribución en redes sociales * El fin de la guerra del volumen

En  mi articulo Guía para el Mastering de audio , hablaba de lo absurdo de esta «guerra» y me preguntaba cuando terminaría.

Es curioso que todo esté confluyendo a una armonía acústica, en parte gracias a la distribución de música en redes sociales, tan criticadas en numerosas ocasiones por otros motivos.  

Hay un  conocimiento del mal que causa la audición de música a mucho volumen, sobre todo con auriculares y también de la deformación grotesca que causan en la música la aplicación de las técnicas de sobrecompresion antes mencionadas y son estos los motivos que han hecho que la distribución musical en las redes, tenga limites de volumen.

Es por eso que actualmente cada plataforma tiene una sonoridad máxima, cuyos valores van de -10 a -18 LUFS. Esto deja trabajar con dinámicas mas naturales y de esta forma se aprecia mejor también la labor de los músicos, ingenieros y productores.

Si subes música a una red de distribución a los volúmenes antiguos, tu música puede a veces sonar más bajito incluso. 

Ahora se vuelve a apreciar la dinámica en la música. Ya no hace falta subir los masters a niveles altos. Lo mejor ahora es tratar de respetar las mezclas y prepararlas para que suenen bien en todos los medios de reproducción posibles, mediante el viejo y confiable ecualizador, tal vez un poquito de compresión y algún sistema para enriquecer los armónicos, que en el ámbito digital siempre son bienvenidos.

Olvidemos por fin esa estúpida guerra y volvamos a disfrutar de la música tal y como la pensaron los que trabajaron para crearla.

 

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